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El Golpe de Estado de Casado (II): Las justificaciones del Golpe

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Volviendo a la mitología franquista y neofranquista, vamos a repasar ahora las explicaciones que dan para justificar y aprobar el Golpe de Estado de Casado.1 [IMAGEN: Zona aún en poder de la República en Febrero de 1939]

Coinciden bastante con las motivaciones que dieron en sus memorias quienes apoyaban a Casado (militares profesionales, anarquistas, políticos socialistas antinegrinistas y otros); y, curiosamente, casi son un calco de las excusas que dieron los sublevados para su golpe del 18 de Julio: una deriva del Gobierno de la República hacia posiciones comunistas (marxistas o rojo – separatistas en 1936) y la necesidad de tomar contramedidas para evitar un inminente golpe comunista.

Pero veamos si tenían razón los que dieron el Golpe en Marzo de 1939. [ Imagen: zona aún republicana en Febrero de 1939]

2.- ¿Los comunistas preparaban un golpe de Estado?

Hasta donde sabemos, NO. Es cierto que en Febrero corrieron rumores sobre ello pero, revisando las pruebas primarias existentes (diarios, comunicaciones, telegramas, etc) no se ha encontrado ninguna prueba de que se preparase, por parte de los comunistas, ningún tipo de acto de fuerza. En sus documentos se encuentran exhortaciones a resistir, palabras de desconfianza hacia otros partidos del Frente Popular y hacia las autoridades, pero nada que haga pensar en un intento de tomar el poder por las bravas.

Es más, cuando se produjo el Golpe de Casado resultó evidente que los comunistas fueron tomados por sorpresa y no tenían preparada ninguna estructura ni organización para sustituir al Gobierno de Negrín. Sus reacciones fueron de desconcierto, y absolutamente variables según las unidades: algunas reaccionaron pronto contra los "casadistas", pero otras estuvieron simplemente a la espera y, en todo caso, su resistencia se desfondó cuando el Gobierno Negrín y otros dirigentes -algunos de ellos comunistas- tiraron la toalla y huyeron de España.

Por si fuera poco, en los documentos desclasificados de la Unión Soviética2 y del Komintern3 tampoco se ha encontrado señal alguna de la preparación de un Golpe de Estado.

3.- ¿Es cierto que el Gobierno de Negrín derivaba hacia el bolchevismo?

Dicho así, NO, de ninguna manera. De hecho, como he dicho en la nota 2, Stalin se oponía a que los diplomáticos soviéticos se entrometieran en la composición de los gobiernos españoles o que España se llegase en convertir en un satélite de la URSS. El embajador, Marcel Rosenberg, recibió un chorreo del Comisario (Ministro) de Asuntos Exteriores, Maxim Litvinov, por decir en una nota a sus superiores que había intentado influir en la composición del primer gobierno Largo Caballero (4 de Septiembre).

El problema es que, ante la sublevación del 18 de Julio, la República no encontró quién compensase los abundantes envíos de material que llegaban a Franco, procedentes de Alemania e Italia. El único país que se puso incondicionalmente del lado del Gobierno legítimo fue México, pero basta mirar un mapamundi para comprender que no podía enviar de ninguna manera material bélico directamente; y el recurso que la República trató de usar (comprar, a través de bancos ingleses o franceses, lo que necesitasen, a nombre de México, y facturar hacia España) fue rápidamente identificado y bloqueado por sus enemigos, tanto mediante protestas ante los gobiernos británico y francés, como por puro y simple sabotaje llevado a cabo por partidarios suyos en los Bancos de las democracias occidentales.

El Reino Unido tenía un gobierno conservador, y muchos de sus miembros simpatizaban con los sublevados. Las noticias sensacionalistas sobre una Revolución Comunista, que habría comenzado poco después del triunfo del Frente Popular4 hicieron que se negase cualquier ayuda a la República. Francia, aunque gobernada por un Frente Popular, no daba un paso en política exterior sin que Reino Unido lo autorizase (tenía pánico a una guerra con Alemania sin el apoyo británico) y, por si fuera poco, temía también un levantamiento de las fuerzas antirrepublicanas y de ultraderecha (que, como se vio tras la derrota de 1940, eran muy poderosas). Por su parte, EEUU era aislacionista, lo cual favoreció también a los sublevados: no permitía a ninguno de los beligerantes utilizar los canales oficiales norteamericanos (como si fuese igual un gobierno legítimo que los golpistas), pero las empresas privadas (TEXACO, por ejemplo) suministraron a Franco petróleo y otros bienes.

En estas condiciones, el Gobierno de la República no tuvo otra opción que surtirse de armas donde podía, en la Unión Soviética. Y, obviamente la influencia comunista se dejó sentir. No obstante, ni Negrín ni sus gobiernos estuvieron nunca cerca de proclamar una república comunista en España. De hecho, como he dicho, no era ésa la intención de Stalin. En lo que sí influyeron, y mucho, fue en la manera de conducir la guerra (“ganar la guerra antes de hacer la Revolución”) y en la represión despiadada contra los enemigos, entre los que incluían no sólo a los “fascistas”, sino a los trostkistas; a partir de 1937, a parte del anarquismo; y, tras 1938, a los derrotistas y partidarios de firmar la paz.5 O a los que ellos incluían en esas categorías.

4.- ¿Pretendía Negrín nombrar comunistas en los puestos dirigentes de los ejércitos republicanos para, así, dar un Golpe de Estado encubierto?

Imagino que no les sorprenderá mucho saber que NO. Y la relevancia de esta pregunta viene dada porque uno de los argumentos de quienes apoyaron a Casado (y de los historiadores pro-franquistas de entonces y ahora) es que Negrín tenía preparado una especie de “Golpe de Estado legal” que consistía en ascender y nombrar a destacados militares y comisarios políticos como responsables de las principales unidades del Ejército republicano para, así, controlar el poder por la fuerza.

Los historiadores pro-franquistas dicen que esos nombramientos iban a ser publicados en el Diario Oficial del Ministerio de Defensa (DOMD) y la Gaceta de la República (uno de los nombres que recibió lo que luego sería B.O.E.), y que precipitaron el Golpe de Casado. ¿Pruebas? Ninguna. Durante años, y ante la ausencia de registro de esos ascensos en el DOMD de 3 y 4 de Marzo, se ha afirmado que se iban a publicar en el ejemplar del 5 de Marzo pero que, como Casado y sus apoyos controlaban todas las comunicaciones entre el Gobierno y Madrid, se enteraron a tiempo y pararon su distribución. Julián Marías, reputado filósofo y, en su tiempo, partidario de Casado, llegó a afirmar haber visto las galeradas donde estaban esos nombramientos.

Pues será como lo del perro y la fan de Ricky Martin, porque lo cierto es que un tenaz investigador, Juan Miguel Campanario, descubrió un ejemplar del día 5 de Marzo, que no fue distribuido porque Casado controlaba las comunicaciones entre Levante y Madrid y su sublevación estaba ya en marcha. En ese ejemplar no hay ninguna prueba de los nombramientos que, según las “Memorias” de Casado, eran prueba del complot comunista.6 Por supuesto, no es suficiente para los historiadores post-franquistas, que ante el hallazgo de este documento afirman que fue el propio Negrín quien ordenó la no publicación porque había cambiado de opinión, y que en sus notas se encuentran datos que confirman su intención de “dar un Golpe de Estado".7

Tanto en los nombramientos que se iban a publicar el 5 de Marzo, como durante los meses anteriores, como en las “Notas” que iba a publicar como Diario, es notable (y no puedo extenderme aquí, pero véase la pormenorizada explicación de Fernando Hernández Sánchez y Ángel Viñas en “El Desplome de la República”) el intento de Negrín de, precisamente, equilibrar los ascensos, entre los que correspondían por escalafón y las personas que le parecían fieles a la resistencia y, dentro de estos, entre comunistas y no comunistas.

Negrín –que era, además de Presidente del Gobierno, Ministro de Defensa en un país donde se había declarado el Estado de Guerra- tenía claro derecho a los nombramientos clave en las unidades militares; y, como era lógico, procuró poner en las cabeceras de los ejércitos a personajes fieles a la República y que habían demostrado intención de resistir. Pero intentó mantener un equilibrio.

Los más fieles eran, desde luego, los comunistas o simpatizantes del PCE, por lo que parecería lógico que estuvieran en puestos decisivos. Sin embargo, como he dicho, Negrín trato de no cargar la mano a favor de los comunistas, y nombró también a otros mandos militares no comunistas, pero que le habían dado seguridades de su voluntad de resistir.

Y aquí cometió el presidente un gravísimo error pues, entre las personas en quienes depositó confianza, había gente que no demostró ser merecedor de ella. Por ejemplo, Segismundo Casado. Éste, pese a que había dicho en la reunión de Los Llanos (16 de Febrero) que la guerra estaba perdida, había sugerido por escrito a Negrín que podía prolongarse la resistencia unos meses más, para favorecer la evacuación, siempre que se realizasen cambios en los puestos de mando de los ejércitos, apartando a los comunistas, y se enviasen todos los hombres disponibles al frente.8 Casado fue ascendido a general el 24 de Febrero (cosa que no suelen citar los historiadores pro-franquistas), aunque los hechos posteriores dejaron sin efecto esta promoción.

Más consecuencias aún tuvo el nombramiento de Miguel Buiza al frente de la Flota. Negrín tenía difícil elegir un mando en quien pudiera confiar y que, al mismo tiempo, tuviera un rango elevado para que no se insubordinasen los comandantes subalternos. Buiza había sido cesado tiempo atrás por derrotismo, pero Negrín confiaba en su republicanismo para entregarle el mando de la Flota, que era uno de los grandes quebraderos de cabeza para el presidente.9 Y fue su ruina, porque la deserción de la Flota - que narraremos en otro capítulo- selló definitivamente, para mal, el destino de los planes de evacuación de los republicanos más comprometidos y engordó las cifras de la represión de Franco en varias decenas de miles de personas.

Otros nombramientos apuntaban en la misma línea; por ejemplo, Manuel Matallana (otro de los conspiradores, aunque no lo sospechaban ni Negrin ni Rojo) pasó a ser Jefe de Estado Mayor Central, mientras que pasaron a ser comisarios políticos del Ejército de Levante y de la Flota dos políticos no comunistas: José Ignacio Mantecón (de Izquierda Republicana) y Avelino González Entrialgo (de la CNT) respectivamente. Hay muchos más. Pero retengan esto: si en los dos puestos más sensibles -Jefe de los Ejércitos del Centro y Almirante Jefe de la Flota- Negrín no pudo o no quiso nombrar dos comunistas que fuesen absolutamente fieles a sus ideas de resistir ¿cómo podemos continuar oyendo que quería entregar lo que quedaba del Ejército de la República a los Comunistas?

Bien, no me extiendo más. En el próximo capítulo, las verdaderas razones de la traición (porque lo fue).

comentarios (1)
Rob_Ben_Gebler
1.- Aunque aprobar no es perdonar. Sus impulsores tuvieron que exiliarse o hacer frente a largas condenas; alguno incluso a la pena muerte. Pienso dedicar un capítulo a la recompensa que obtuvieron los "casadistas" a sus esfuerzos (“Roma traditoribus non praemiat: Roma no paga traidores”):

2.- Stalin, en realidad, nunca pretendió que la II República se convirtiera en un satélite de la Unión Soviética. Durante toda su vida aplicó la doctrina de “Socialismo en un solo…



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