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¿Por qué viajó Rudolf Hess a la Gran Bretaña? (II) Viaje a Escocia y Captura

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El día 10 de Mayo de 1941, Rudolf Hess despegó del campo de aviación de Augsburgo a las 17:45, en su Messerschmitt Bf 110 especialmente acondicionado por los fabricantes según sus demandas. Dado que su rango de vuelo era inferior al que necesitaba, hizo instalar dos depósitos de combustible bajo las alas a ambos lados de los motores [ver IMAGEN]; hizo instalar una válvula de corte entre el radiador y el calentador; probó varios sistemas de navegación hasta que eligió un receptor de radio modificado que le permitía guiarse –en parte del viaje- por los sistemas de radiobaliza empleados por la Luftwaffe para encontrar sus objetivos;1 hizo instalar la botella de oxígeno del segundo tripulante en el asiento del piloto, y se procuró un mapa de las zonas de vuelo “prohibidas”.2

La idea de Hess era volar hasta Escocia y aterrizar en Dungavel House, propiedad de Douglas, Duque de Hamilton y de Brandon, a quien había conocido brevemente durante los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936.3 Iba con un uniforme de capitán de la Luftwaffe, ya que pensaba presentarse como el “Capitán Alfred Horn” (llevaba incluso una carta falsa dirigida a ese nombre) y no desvelar su identidad hasta encontrarse ante Hamilton. Tenía miedo de que un reconocimiento prematuro acabase con su muerte a manos de algún pelotón de linchamiento de catetos en kilt.

Dejaba a su ayudante una carta de despedida a Hitler, que no se le entregó hasta el día 11 de Mayo a mediodía, y cartas a sus amigos y parientes.

El vuelo fue complejo de realizar; debía guiarse por el sistema de radiobalizas, luego hacer un gran arco hacia el Este para evitar irrumpir frontalmente en el área de detección de los radares británicos, y entrar desde el Mar del Norte, por la costa Este de la Gran Bretaña, a la altura de Bamburg, y atravesar la isla hasta Dungavel, unos 40 Km al sur de Glasgow. [IMAGEN: en las notas] Otro punto en contra de los que dicen que Hess estaba confuso o con deterioro mental.

Cuando el Bf - 110 entró en el radio de los radares británicos, se enviaron varios aparatos a interceptarlo, sin éxito. Hay que tener en cuenta que fue toda una sorpresa para los británicos, que nunca habían visto este modelo tan al Norte, porque ni con depósitos auxiliares podría soñar un piloto en hacer el viaje de ida y vuelta a Alemania. Menos aún hubieran esperado un peligro real, en forma de bombardeos.

Efectivamente, cuando Hess llegó a la zona de aterrizaje y no encontró una pista adecuada se encontró en apuros por la falta de combustible. Finalmente, a las 23:06, Hess se lanzó en paracaídas y el avión se estrelló tres minutos después en Eaglesham, 20 km al noroeste de Dungavel. Hess no había saltado nunca en paracaídas, y se lesionó.4

Lo recogió un campesino local, David McLean, quien avisó al agente de policía y el comandante del Home Guard local; Hess se presentó como el capitán Alfred Horn, y les pidió que avisaran al Duque de Hamilton, para quien tenía un mensaje urgente. El duque fue avisado, pero decidió no acudir hasta la mañana siguiente. Hess fue trasladado de cuartel en cuartel; nadie sabía muy bien qué hacer con él y, el ser sábado por la noche, en una zona donde no llegaban los bombardeos, no facilitó precisamente que las ideas estuviesen despejadas. Finalmente, acabó bajo custodia en el pequeño hospital militar de Maryhill Barracks, donde se le hizo el primer reconocimiento, por el Mayor Dr. Greenhill. Este médico, como los siguientes, anotaron que Hess estaba lúcido – no como algunos de sus captores, podría hacer añadido- y no parecía tener problemas mentales.

Al día siguiente, Domingo 11 de Mayo, apareció Hamilton, ante quien Hess se identificó como el ReichsMinister Rudof Hess, Delegado del Führer, que había viajado para realizar una oferta de paz al Reino Unido; insistió en que trasladaba el pensamiento de Hitler (aunque siempre sostuvo que el Führer no lo había enviado); que era necesario un entendimiento entre ambos países; y que creía que eso podía llevarse a cabo con dirigentes del Partido Conservador que no fueran Churchill y su gabinete de “políticos belicosos”. También rogó a Hamilton que pidiese al Rey (Jorge VI) “su garantía de parlamentario”.5

Hamilton intentó hablar con Sir Alexander Cadogan (Subsecretario Permanente del Ministerio de Relaciones Exteriores, pero en la práctica la llave del Ministerio que ocupaba Sir Anthony Eden por entonces) pero… Domingo por la tarde… ejem… ejem… Sir Alexander estaba en su cottage ocupándose de su jardín (auténtico).

Aún intentaba localizar a Cadogan cuando recibió una llamada del Secretario de Churchill - el viejo Winston tenía “antenas” por todas partes - que había sido informado de que Hamilton tenía “un prisionero importante”; le dio una cita con Churchill, esa misma noche, en Dytchley Park (a 150 km de Londres, un Bunker seguro para Churchill durante el Blitz).

Pero, mientras Hamilton va a Oxfordshire a ver a Churchill… ¿qué pasaba el mismo día 11 en el Berghof, el chalet de los Alpes Bávaros donde Hitler tenía su segunda residencia?

Recordemos que el Ayudante de Hess, Pintsch, tenía el encargo de entregar una carta personal a Hitler. Al parecer, un memorandum de 14 páginas fue entregado el mismo día 10; pero era muy tarde, y Hitler pospuso su lectura hasta el día siguiente. Pintsch entregó su carta (de dos páginas) al mediodía del día 11. Nada más empezar a leer: (“Mein Führer, cuando reciba usted esta carta yo ya estaré en Gran Bretaña…)” Hans Frank y Walter Darré, presentes entre otros; y Albert Speer, en la antesala… todos están de acuerdo en que Hitler pilló una de las rabietas más fuertes que recordaban hasta entonces.6

Hitler ordenó que los ayudantes de Hess, su esposa, sus amigos cercanos (como los Hofhauser, padre e hijo) fueran detenidos e interrogados. También detuvo al círculo de astrólogos, ocultistas, etc que habían podido influir sobre Hess, en la llamada “Aktion Hess” (pero lo hizo un mes después de su vuelo a Escocia).

En realidad, en su cabeza estaba, sobre todo, la posibilidad de que hubiese cerca de él un grupo de derrotistas y que esto llegase a oídos de sus aliados en vísperas del ataque a la URSS. No pensaba que Hess supiera nada importante sobre la “Operación Barbarroja” y no tenía miedo de lo que dijese, sino de lo que podían pensar sus aliados.7

Hitler ordeno que se comunicase al pueblo alemán (y al mundo) que…

El Partido Nacionalsocialista ha anunciado oficialmente que el miembro del Partido Rudolf Hess, a quien el Führer había prohibido estrictamente que realizase actividades de vuelo debido a que padecía una enfermedad degenerativa desde hacía años, […] Rudolf Hess […] dejó una carta en la que desgraciadamente se aprecian claros indicios de un trastorno mental, y se teme que sufra alucinaciones[…]8

Mientras tanto…

Hamilton, a petición del Primer Ministro, se entrevistó con Hess, e informó a Churchill, Cadogan, y a Eden (Ministro de Asuntos Exteriores) que, efectivamente, se trataba de Hess, y que solicitaba una entrevista “al más alto nivel” (esto es, al rey, o en su defecto a personas del Partido Conservador que no estuviesen en el Gobierno de Mr. Churchill, porque creía que el actual Gobierno Británico no era aceptable para firmar una paz con Alemania). El Gobierno envió a Ivone Kirpatrick (Director de la División de Asuntos Exteriores del Ministerio de Información, pero sobre todo Primer secretario de la embajada británica en Berlín de 1933 a 1938, y por lo tanto con un conocimiento exacto sobre la identidad de Rudolf Hess) para entrevistarse con el cautivo. Kirpatrick aseguró el reconocimiento de Hess; pero, además, es el primero que escribe que Hess parece lúcido mentalmente, pero con una monomanía que consiste en declarar, una y otra vez, que su misión consiste en ofrecer, de parte del Führer, unas condiciones de paz que, está convencido, podrán convencer a cualquiera que no sea el Gabinete de Churchill y sus “belicistas”.9

Churchill pensaba contar - a través de los medios de comunicación - la realidad que se conocía (esto es, que Hess había volado al Reino Unido con una oferta de paz, lo que –para Churchill- indicaba una clara debilidad del III Reich) pero Cadogan y West le convencieron de lo contrario: era mejor publicar que Hess, uno de los criminales nazis, se había visto acosado por el resto de criminales nazis, hasta verse obligado a huir de Alemania hacia su gran enemigo, el Imperio Británico.

No es que fuera muy creíble; pero, por supuesto, en tiempo de guerra… la opinión pública cree lo que sea.

Hasta entonces, ninguno de los médicos que lo habían examinado (aunque lo cierto era que ninguno de ellos era psiquiatra) ni los políticos que se entrevistaron con él habían dudado de su cordura, con la excepción de Ivone Kirpatrick, que en su informe a Cadogan habló de su ”monomanía” (la misión de paz que le había llevado hasta allí). Sin embargo, lo cierto es que las condiciones de paz que Hess “ofrecía” eran las mismas que ya había rechazado el Imperio Británico cuando las ofreció Hitler. ¿Por qué había creído Hess que él, como una especie de Mesías, podía lograr que los británicos entraran en razón? El médico principal que atendía a Hess, Gilbert Graham, se olió que algo no cuadraba, y pidió una valoración psiquiátrica. Para ello se nombró a los expertos John Rawling Rees y Henry Viktor Dicks.

Los dos psiquiatras (Dicks no se presentó como tal, ambos jugaron al “poli bueno, poli malo” con Hess) se entrevistaron varias veces con él, y su conclusión fue que Hess estaba “mentalmente sano, pero con un carácter inestable, y tendencia a la paranoia y la hipocondría”. Hay que tener en cuenta que “mentalmente sano” no significaba lo que entendemos ahora; quería decir que Hess era “responsable de sus actos” y, por lo tanto, podía ser juzgado… Lo que deseaba el Gobierno Británico.

Por entonces, Hess se iba dando cuenta de que iban pasando las semanas, y que allí no venía a verle ni el Rey Jorge VI, ni Churchill (con el que, había dicho, el III Reich no podía negociar)… ni siquiera venía a verle el Duque de Hamilton. O sea, se dio cuenta de que no lo trataban como un Parlamentario, sino como un simple Prisionero de Guerra… y empezó a fingirse (muy probablemente, se trataba de una artimaña) enfermo mental.10

El problema es que Hess fingió sus síntomas para parecer lo que creía que era un enfermo mental: dijo tener amnesias (pero de carácter intermitente); decía que le querían envenenar, que sus guardianes le impedían dormir (lo que no era cierto, desde luego); que había Fuerzas Superiores (a veces las identificaba como judíos) que gobernaban la mente del Gobierno británico y, en ocasiones, hasta la de Hitler, haciendo tomar decisiones erróneas. Incluso, el 16 de Junio de 1942 Hess se tiró por la escalera del centro donde estaba detenido; no se sabe si fue un intento real de suicidio o un truco para ser declarado enfermo mental.11

En resumen, hizo lo que los psiquiatras clásicos llamaban “el loco que, creyéndose cuerdo, finge ser loco”.12 Esto sólo reforzó la idea de los británicos de que era un simulador. Y, por lo tanto, reafirmó la intención de Churchill, Cadogan, y West, de procesarle como un criminal de guerra.

El resto de la Historia, el juicio y la condena de Rudolf Hess a cadena perpetua, su cautiverio, y las circunstancias de su fallecimiento, quedan fuera del objetivo de este artículo, aunque opinaré sobre su muerte en el último artículo.

En el próximo, y último, os expondré mi opinión personal sobre este caso.

comentarios (2)
comentarios cerrados
Rob_Ben_Gebler
1.- Para guiarse por este procedimiento (Leitstrahlverfahren) Hess tuvo que aprovechar un día en que, además de unas circunstancias climatológicas adecuadas, hubiese proyectado un gran ataque sobre Gran Bretaña. Efectivamente, el 10 de Mayo la Luftwaffe lanzó la mayor ofensiva de toda la guerra sobre Londres.

2.- Todo esto lo hizo a espaldas de Hitler (el mapa lo consiguió del propio piloto del Führer, Hans Baur) haciendo valer su condición de número tres del Reich y su…

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Cyberloaf
Me gusta que pongas de relieve el papel de la enfermedad mental.

Coincide que se está poniendo de relieve en el deporte.

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