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Alejandro Magno y la muerte de su padre ¿culpable o inocente?

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Acabada la larga serie de Dreyfus, voy a retroceder hasta otro de mis temas de interés: la antigüedad clásica y, dentro de esa época, la vida de Alejandro Magno.

Uno de los puntos más interesantes en la vida de este conquistador es la muerte de su padre, Filipo II, y si tuvo, o no, relación con ella.

Advierto que resulta imposible dar una seguridad sobre los hechos, pues las fuentes antiguas resultan altamente distorsionadas, a favor o en contra (las más, aunque parezca lo contrario) de Alejandro.1

Vamos a ello. Tranquilos, que sólo serán unos tres capítulos.

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336 A.C. Se celebra una boda por todo lo alto en el teatro de Egas, la antigua capital de Macedonia y donde reposan los restos de la familia real, los Argéadas. Filipo, el rey que ha conseguido unificar los esfuerzos griegos (excepto los espartanos) en una Confederación Helénica [Imagen] que, en breve, dirigirá una expedición contra Persia, casa a su hija Cleopatra con Alejandro de Epiro. El padre de la novia, vestido de blanco y desarmado, como manda la costumbre griega, manda que la guardia personal no entre al teatro, para demostrar a sus invitados que él no es un militón y no tiene miedo a su pueblo. Filipo avanza hasta donde se encuentra el capitán de la guardia, que le espera para darle la novedad. Pero, inesperadamente, el oficial macedonio lo que hace es clavarle una daga en el corazón.

¿Qué ha pasado? ¿Tiene algo que ver el príncipe Alejandro, heredero de la corona y hermano de la novia, con los hechos?

Volvamos atrás.

Alejandro III de Macedonia nació en Pella, capital por entonces del reino, en el año 356 A.C.

Era hijo del rey Filipo y de la princesa Olimpia, de la familia real de Epiro (actualmente repartida entre la prefectura albanesa de Epiro Norte y la prefectura griega de Epiro). Por lo tanto, Alejandro era medio macedonio y medio epirota, lo que tiene bastante importancia para su personalidad.

Tanto los macedonios como los epirotas eran pueblos que se consideraban a sí mismo helénicos, pero que los griegos consideraban semibárbaros. Los esfuerzos y la genialidad de Filipo habían conseguido hacer a Macedonia la primera potencia de Grecia por entonces: había construido una nueva capital, había formado el mejor ejército del momento y había atraído para educar a su hijo y sus compañeros a los mejores talentos educativos de Grecia; pero las principales ciudades estado helénicas siempre consideraron humillante el ascenso y hegemonía macedonios.

Filipo fue un general, estratega y político tremendamente capaz. Sólo ser el padre del genial conquistador Alejandro ha oscurecido su gloria. De no haber sido por su hijo, sin lugar a dudas sería considerado el guerrero más grande de la antigüedad, al menos hasta Julio César. Por otro lado, debías ser genial para sobrevivir en esta familia: ver la línea sucesoria de los reyes macedonios es impresionante: en los 150 años anteriores a Filipo, casi no hubo ningún rey que muriera en la cama. El propio Filipo tuvo que deshacerse de varios parientes para poder reinar,2 y sin duda el talento de Alejandro para ver de un plumazo los problemas y elegir la solución más adecuada en un instante, lo heredó y lo aprendió de él.

Olimpia, la madre de Alejandro, era, según todas las fuentes (menos Justino, la más hostil a Alejandro y los macedonios) una mujer intrigante, concupiscente, primitiva, vengativa, y dada a todo lo oculto.3 Era muy orgullosa, y su familia se consideraba descendiente de Aquiles y de Héctor. Desde el principio trató de manipular a Alejandro, utilizándolo como un arma contra su marido Filipo, primero, y después contra sus enemigos políticos (Antípatro, sobre todo). Esta mujer, dada a todo lo esotérico, decía a Alejandro que había sido poseída por Zeus (casos así figuraban en la mitología helénica y no eran considerados imposibles por los griegos) y, por lo tanto, Alejandro sería hijo de un Dios, y no de Filipo.

Los historiadores o aficionados que consideran enloquecido a Alejandro por aceptar su divinidad olvidan un hecho clave: si, en una época como la Grecia clásica, donde las divinidades bajaban a la Tierra y no era extraño que tuvieran contactos con la Humanidad, tu madre te educa diciéndote que eres un Dios; si posteriormente tienes la genialidad de Alejandro, conquistas el mundo sin perder ni una batalla, y si en varias ocasiones los oráculos confirman tu divinidad ¿por qué no vas a creerlo? Y, dense cuenta, Alejandro era considerado también descendiente de Aquiles y de Héctor. Que no saliera un psicópata como Calígula es casi milagroso.4

En todo caso, el orgullo de Olimpia excluye que tuviera amores adulterinos, así que el padre debió ser, en realidad, el rey macedonio. Sin embargo, cuando Alejandro creció, sus padres ya se habían separado y sus contactos sexuales posiblemente no existían ya. Posiblemente eso inspiró a Olimpia la idea de separarlo de Filipo contándole que no era hijo suyo (y, con lo orgullosa que era, el padre sólo podía ser otro rey... o un Dios).

La relación de Alejandro y Filipo era, pues, complicada. Sus sentimientos hacia Filipo oscilaban, seguramente, entre la admiración y el orgullo, por un lado, y el desprecio por su comportamiento camorrista y por el repudio de su madre. Existe constancia, por otra parte, de que, al menos una vez, salvó la vida de su padre, en las campañas contra los bárbaros del Norte.

Filipo consideraba a Alejandro hijo suyo, sin duda, y si oyó las habladurías de Olimpia (que sin duda las oyó, la red de espías de Filipo era excelente) no debió hacer caso. A pesar de su temperamento, era un hombre de excepcional inteligencia, y educó a su hijo como su heredero. En ocasiones los enemigos de Alejandro dijeron sospechar de él como inductor del asesinato de su padre porque (según ellos) quería asegurarse la descendencia. Pero no se sostiene. Casi toda la descendencia de Filipo eran mujeres; por tanto no podían ser rivales para él, y el único hermano varón, Arrideo, era retrasado mental.5

Cuando Alejandro tenía 18 años Filipo se enamoró y se casó con una joven llamada Eurídice, sobrina (o hija, según algunas fuentes) del general Atalo, intrigante noble macedonio. Nuevamente, los enemigos de Alejandro han sugerido que pudo haber aquí una razón para asesinar a su padre, pues un hipotético varón de ambos hubiera sido un macedonio de pura raza (él era medio epirota) y, por tanto, un peligro para la sucesión. Pero, cuando se produjo el asesinato de Filipo, Eurídice había tenido una niña y, aunque estaba embarazada, un recién nacido varón no hubiera supuesto un peligro en una década, como mínimo, y la historia macedonia no mostraba en verdad que reinase el que tuviera más derechos sucesorios, sino el más fuerte. El propio Filipo reinaba gracias a varias usurpaciones -y eliminaciones- seguidas.

Durante la boda, se produjo un fuerte encontronazo entre Filipo y Alejandro cuando Atalo, borracho, pidió a los dioses que dieran a Macedonia un heredero legítimo. Alejandro no podía dejar pasar el insulto a su madre y a su estirpe y agredió a Atalo. Filipo trató de castigar a su hijo pero, debido al alcohol y a su cojera (producto de heridas de guerra; también era tuerto y tenía un brazo paralizado) se cayó.

Alejandro huyó de la corte y se fue con su madre a Epiro. La dejó allí y marchó a Iliria (en la zona de la antigua Yugoslavia), donde vivió con unas tribus a las que había derrotado siendo un mozalbete de 16 años mientras su padre estaba en otra guerra.6 No cabe duda de que su comportamiento en la guerra debió ser muy caballeroso y valiente, para ser recibido como huésped - o rehén amistoso - durante su exilio.

Otro motivo posible, pues, para que Alejandro matase a su padre era la ofensa que había recibido su madre dos años antes. Y, dado el carácter vengativo de Olimpia, es posible que, en efecto, ésta le instigase a hacerlo. El parricidio era un crimen horrendo para los griegos, no existía otro peor, pero en este caso Alejandro es posible (aunque no probable) que no considerase a Filipo su progenitor. Sin embargo, de ser Alejandro el culpable, sin duda hubiera tomado medidas para deshacerse de Atalo al mismo tiempo o previamente, ya que era él en realidad el que insultó a Alejandro.

Por otro lado, durante toda su vida Alejandro se negó a matar a personas cuando se lo pidió Olimpia, y de hecho se enfadó mucho cuando su madre mató a Eurídice y a sus hijos tras la muerte de Filipo. Además, como se vio luego, el gran conquistador no era hombre para guardar dos años un rencor y asesinar a una persona.

Tras una temporada de exilio, y gracias a la mediación de algunos amigos de Alejandro, se produjo la reconciliación entre padre e hijo. Es posible que Demarato de Corinto, el máximo mediador, advirtiera a Filipo del riesgo de tener un hijo (carismático entre el ejército, o sea, peligroso) suelto por ahí; a Alejandro le debió jugar la carta de la ambición; debía volver a Macedonia para no caer en desgracia con su padre. Como sea, consiguió la reconciliación.

Sin embargo, pronto hubo otro problema. Plutarco cuenta que Pixodaro, sátrapa de Halicarnaso, una de las ciudades griegas del Asia Menor, pensaba ofrecer en matrimonio a su hija mayor para Arrideo, hijo de Filipo. Alguien se lo contó a Alejandro, entonces poco más que un adolescente, y éste se indignó, escribiendo una carta a Pixodaro, ofreciéndose él en lugar de Arrideo. Filipo había planeado el enlace como estrategia para tener un aliado en sus planes de ataque al Imperio Persa, pero ni de coña pensaba dar su heredero a alguien tan poco importante como un sátrapa. De modo que se enfureció y reprendió duramente a su hijo.

Sin duda Alejandro se sintió humillado, pero debió quedarle muy claro que Arrideo no contaba como heredero. En una sociedad como la macedonia, desde luego, un retrasado tampoco hubiera tenido ninguna opción a no ser como títere de algún noble fuerte. El ejército, además, adoraba a Alejandro, con quien había peleado contra los ilirios y otros pueblos del norte (ocasión donde, por cierto, había salvado la vida de su padre), y con quien había luchado en Queronea, donde Alejandro mandó la caballería que aplastó el Batallón Sagrado de los tebanos, y no hubiera consentido nunca que Arrideo fuera preferido en su lugar.

Tras la batalla de Queronea, Filipo había conseguido la unificación de los griegos, excepto Esparta, en una Liga Panhelénica que llevaría la guerra contra Persia, con intención punitiva (en venganza por las guerras médicas) y de liberación de los griegos de Asia Menor, aparte de consideraciones lucrativas: ambición, gloria, poder. Despachó a su suegro (o tío político) Atalo y al veterano general Parmenión para tomar una cabeza de puente en Asia Menor.

No sabemos exactamente qué pretendía hacer con Alejandro. Dejarlo en Macedonia, desde luego, era muy peligroso (no es que tuviera un motivo de sospecha contra Alejandro; la vida de un rey macedonio debía incluir buenas dosis de suspicacia, para despertar cada día), así que seguramente pensaba llevarlo con él; y Alejandro, ambicioso de gloria y combates, seguramente estaba encantado. Nunca lo sabremos.

Antes de volver al día del asesinato, necesitamos volver al pasado de Filipo, para relatar una historia escabrosa.

Seis o siete años atrás, cuando Alejandro podría tener unos 12-13 años, según la versión que más frecuentemente ha llegado hasta nosotros, Filipo (que no le hacía ascos a alguna que otra relación homosexual) dejó a su amante del momento, un tal Pausanias, para cambiarlo por otro. Pausanias insultó a la nueva pareja del rey, llamándole “puta ansiosa de dinero”, y el ofendido, para demostrar su valía, se arrojó sobre el enemigo, muriendo. Atalo, el que con el tiempo sería pariente de Filipo, debía ser familiar del difunto, porque tomó venganza de Pausanias haciendo que le violaran sus esclavos. Pausanias pidió venganza al rey, pero Atalo era noble de alto rango, como Pausanias, no podía ser castigado sin juicio, y Filipo trató de evitar el escándalo sobornando a Pausanias con tierras y cargos.7 Pausanias pareció conformarse. Pero, por lo que se ve, no fue así. Años después, era jefe o capitán de la guardia en el momento clave de esta historia.

Otras versiones hacen al muchacho que se suicidó, arrojándose ante el enemigo, amante de Atalo en lugar de Filipo; y aún hay otras que no hacen mención de Atalo, reducen la historia a una venganza de Pausanias por ofensas del rey, y añaden que, quizás, Atalo fue incluido a posteriori para desacreditarle.8

Antes de partir a Persia, Filipo tenía que dejar atada la retaguardia. El hermano de Olimpia, Alejandro de Epiro, debía estar lógicamente resentido por el repudio de su hermana, así que decidió hacer un acto de conciliación. Ofreció la mano de su hija Cleopatra (hermana de Alejandro, sobrina del novio).9

Convertirse en suegro de Alejandro de Epiro le aseguraba la retaguardia, al tiempo que le proporcionaba un general capaz (Alejandro moriría años después luchando en la Magna Grecia). Se ha especulado también con que Olimpia pudo ver en la boda una pérdida de su futura influencia sobre Filipo y la capacidad de manipular para que su hijo fuera rey. Es decir, Filipo ya no necesitaba a Olimpia para garantizarse el apoyo epirota, y podía elegir a otro heredero. Según esta teoría, Olimpia incitó a su hijo a actuar antes de que se perdiera su influencia.

Pero esto es hablar por hablar, y tan alambicada teoría no resiste un análisis (es, de hecho, una Tonteoría). Además de lo dicho anteriormente sobre la ausencia de un heredero válido (Alejandro de Epiro tampoco lo era, por no tener ni gota de sangre macedonia, y sólo con las armas en la mano podría haber sido aceptado como rey consorte), es difícil que Olimpia pensase que la boda la perjudicaba en algo (por el contrario, la desposada era su hija, y los lazos con Epiro podrían hacer que recuperase parte de su influencia) y menos aún que Alejandro temiese que la boda le iba a causar algún daño. El propio Alejandro siempre mantuvo buena relación con su cuñado, hasta su muerte, y fue siempre muy querido en Epiro.

Bueno, y en el siguiente episodio volveremos a la escena del crimen.

comentarios (1)
Rob_Ben_Gebler
1.- Así, Plutarco escribe como una especie de edificante “Enciclopedia Álvarez” de la Antigüedad, por lo que quita todo aspecto que pueda dar una mala imagen de sus héroes.

Pero, por el contrario, casi todos los historiadores que fueron influidos por la Academia Ateniense expresan un sutil (o no tanto) desprecio por los bárbaros macedonios y nostalgia por la libertad de las polis griegas. Algunas fuentes antiguas que conservamos de la época romana (Diodoro…



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