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omoloc
#1 el artículo entero es una pasada. Reparte para todos lados, incluidos los verificadores de la verdad que se olvidan convenientemente de desmentir los bulos, según le viene a su ideología
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#2 Es que una cosa es que un youtuber random te acuse de odiar a las mujeres --por poner un ejemplo de atribución maliciosa--, otra es que lo haga gente en foros de internet, pero otra muy diferente es que te lo acusen en un programa de TV en prime time (o que lo diga una ministra, ya puestos, que seguro que lo piensa). Por un lado está la libertad de expresión, pero por el otro, no creo que se puedan dar esas opiniones como si fueran hechos o de esa manera, demanda --conjunta, además--, va a haber seguro. Y eso va a dar una publicidad a esos youtubers y a lo que dicen, que es el desmontaje de las patrañas oficiales sobre la violencia de género, que Irene Montero va a flipar más que cuando emporrada soñó a la vera de un Pablo Iglesias coletado que viviría en una urbanización de lujo (disclaimer: ficción imaginada en circuito cerrado por un profesional, no intenten hacerlo en sus casas).
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omoloc
#3 lo peor es, como dice en el artículo, lo zafio del propio programa explica que cada vez menos gente se crea estás mierdas.

Es muy significativo lo de la cajera. "Te vi ayer en la tele!". Lo dice emocionada, a pesar de que salió en una crítica, lo cual evidencia que la crítica se tomaba a risa. Es tremendo
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#4 La anécdota de la cajera tampoco tengo porqué interpretarla de esa forma. Yo la interpreto como que se lo ha inventado para que no pensemos que lo pide todo por Uber Eats (o la plataforma que sea), bueno, no es que él lo pida, él pide a su servicio que lo pida para él. Y nos engañamos pensando que no haríamos lo mismo si también viviéramos en un castillo medieval, y, por tanto, patriarcal y machista desde su misma construcción, repleto tanto de habitaciones como de sirvientes, éstos, o mejor dicho, éstas, todas ellas mujeres entre 19 y 35 años, que deben, además, cumplir con unos estrictos requisitos en la vestimenta, etc. Pues eso, que lo dice para hacerse el "persona normal", vaya, que él está en sus aposentos en su castillo odiando muy fuerte cada día a las mujeres --pero muy fuerte, digo, ¿eh?, de cuando te sientas con las manos apretándote la cabeza y frunciendo el ceño y sacando los morritos hacia fuera en un mohín de desprecio machirulo--, entre ellas, a las cajeras (y excajeras).
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